Fundadores

SANTO HERMANO

PEDRO DE SAN JOSÉ BETANCUR

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Nació en  Quetzaltenango, Guatemala), nace el 26 de octubre de 1820, en el seno de un hogar cristiano, creció en un ambiente de fe.

Su vida y obra logra conservar el carisma del fundador, Santo Hermano Pedro de Betancur. “A la luz de la encarnación, de la Navidad y de la muerte del Redentor”, la Congregación vive el espíritu de reparación de los Dolores del Sagrado Corazón de Jesús, dedica el 25 de cada mes a la adoración reparadora.

Con el fin de continuar su labor evangelizadora, la reformadora de la Orden Bethlemita llegó a Costa Rica en 1877. Ahí fundó el primer colegio para mujeres en Cartago, a 23 kilómetros de esta capital, donde se asienta la Basílica de la Reina de los Ángeles, Patrona de Costa Rica.

 

MARÍA VICENTA ROSAL

(ENCARNACIÓN ROSAL DEL CORAZÓN DE JESÚS)

La Madre Encarnación funda casas también en Colombia y Ecuador, y sufre el destierro que le imponen las autoridades Guatemaltecas.
Luego de abandonar Costa Rica, se instaló en Colombia y en la ciudad de Pasto fundó otro hogar para niñas pobres y desamparadas. La religiosa es considerada como una de las impulsadoras de la formación integral de la mujer en el continente latinoamericano.
La infatigable peregrina, estableció posteriormente la Orden Bethlemita en Ecuador, en Tulcán y Otavalo. La madre María Encarnación falleció el 24 de agosto de 1886 cuando estaba recostada en su cama, inclino su cabeza y decidió partir de este mundo a mejor vida. Su cuerpo fue trasladado a Pasto donde se conserva incorrupto luego de 110 años. Su instituto trabaja actualmente en 14 países con la ardua labor de instruir a los jóvenes de hoy en día tal cual era el objetivo de Maria Encarnación.

Algo muy especial y significativo lo constituye el hecho de que, después de 115 años de fallecida la Madre Encarnación, su cuerpo permanezca incorrupto. Ella murió en Tulcán, Ecuador en 1865 y en el Siglo XX, cuando por motivo de la guerra, su cuerpo corría el peligro de ser profanado, las hermanas lo sacaron del sepulcro para llevárselo a Colombia. Al abrirlo, descubrieron con sorpresa que el su cuerpo estaba intacto.

En la fiesta de su beatificación, los periodistas le dieron el nombre de la “Monja Durmiente”, ya que su cuerpo no se ha descompuesto, no ha perdido consistencia muscular y su piel está adherida al cuerpo y sus venas se alcanzan a detallar perfectamente. Para su beatificación le fue cambiado el hábito con el que fue enterrada, el cual es conservado como tela para reliquia, y su cuerpo lo soportó perfectamente además le fue colocada una máscara en su cara, como se acostumbra con tantos santos, que conserva sus rasgos bien definidos.

Su cuerpo fue traslado al Hogar de Pasto, fundado por ella y se dejó allí celosamente guardado hasta 1978, cuando vino de Roma el postulador de la causa para corroborar este hecho. Con esta visita fue nuevamente abierto su sepulcro y todos los allí presentes fueron testigos de que el cuerpo de la Madre Encarnación permanecía y hoy permanece incorrupto.